Una Nicaragua sin heridas

Para Lilita, Santos, Santa, Miguel, Chica, José, Alfred, José Ángel y l@s demás comas y compas con los que iniciamos el taller de agricultura orgánica en La Fonseca.

Les escribo desde la carretera panamericana de El Salvador rumbo a Guatemala. Con una flor de Lian-Lian a mi lado, dulce el aroma suyo, similar al Huele de Noche en casa de mi tía, y que hace de éste amargo recorrido uno un poco más dulce. En unas horas estaremos más cerca de nuestro país y más lejos del suyo. Y lo lamento mucho.

Lo lamento tanto porque ustedes son de los pocos corazones alegres y atentos con ganas de accionar diferente y darlo todo. En sus ojos existe una mirada crítica y reflexiva pues se han enfermado su suelo y como hombres- mujeres-de-corazón que son, bien quieren defender y cuidar a su madre, su Madre Tierra. Como ellos mismos decían cuando iniciando el taller les pregunté ¿Para ustedes que es el suelo?

¡Y que todo el mundo sepa!

Que esos miles de campesinos que recorren en bestias cargadas de granos y verduras las montañas, quebradas y ríos de Nueva Guinea. Esos que el gobierno dice que NO existen (lo digo porque 7 de cada 10 personas que viven en esas montañas no tienen cedula, ya sea porque no alcanza pa’ pagarla, o porque se la niegan) para su Madre SI existen y desde hace años trabajan con ella para de su vientre parir maíz, frijol, yuca, quequisque, pasto, ganado, cabras, cuajada. Ustedes, compas y comas, nos enseñaron que no sólo quieren seguir viviendo y trabajando -como si eso fuera poco- sino que actuan para dejar de lastimar a nuestra Madre. Como lo expresan con el grito ¡Queremos una Nicaragua sin heridas! Para ustedes compañer@s de Nueva Guinea mi más profundo agradecimiento y respeto. Y aquí seguiremos caminando con la esperanza de regresar a co-construir mucho más que aquello que dijimos y soñamos aquellos días compartidos en La Fonseca.

Para ustedes estas palabras que a la distancia resuenan en lo que hacen, defienden y aman:

Es posible cambiar el orden de las cosas y nuestro lugar en el mundo.

Basta mover los muebles de la casa para que ésta empiece a ser otra.

Basta sembrar un árbol para que brote un jardín.

La acción es un arma muy poderosa: contra el abuso, contra la apatía, contra el agravio.

Hay que actuar ahora.

Hay que actuar sin perder el aliento.

-del Cuaderno para el Ciudadano en Apuros, 2007

Y a los demás, los otros, los que leen estas lineas en distintas geo-grafías:

Salgan, salgamos a las carreteras a encontrarnos con los maestr@s, o tomemos una vereda, crucemos la montaña pa’ encontrarnos con aquell@s a quienes debemos la vida por tener el cuido de sembrar nuestro alimento.

Salgamos a re-encontrarnos para ver la escencia del amor a la tierra y a la vida de campo, para bañarse en el sol y mojarse en los ríos, para humearse con la leña en la cocina y descubrir toda otra gama de sabores, para en el acto mágico de compartir y ser solidario abrir el corazón para encontrarnos reflejados en tu hermano al que has olvidado.

Salgamos pues, porque nos están dividiendo para hacer a unos reyes y a otros peones, y cual tablero de ajedrez dejan el terruño desolado para ser expropiado o vendido, y luego ultrajado o encementado. Salgamos porque siempre es posible cambiar el orden de las cosas establecidas.

-Masasiui Tenorio