Cuentos de la Digna Rabia – Sobreviviendo

-Me preguntaron cómo vivía, me preguntaron. Sobreviviendo dije, sobreviviendo…- se oía quedo por Radio “Onda Local” cuando Juana comenzó con las siguientes palabras a platicar su historia:

Hablar de mi historia es hablar de los míos, de los que están conmigo, de los que han partido, y de los que eternamente viven en mi corazón. Es una historia tanto del pasado como del presente. Que como dice Mercedes, me he contado más de mil veces pa’ repetirme siempre que mientras alguien ponga muerte sobre esta tierra, seguiremos resistiendo sobre estos campos.

IMG_7025

tristes y errantes hombres sobreviviendo…

A mi hermano Carlos estuvieron a punto de matarlo cuando llevaba víveres para las comunidades. Iba manejando la camioneta cuando lo tomaron como guerrillero. La Wagon delante de él fue balaceada así nomás, por una ráfaga de metralla cual soplido de viento. Carlos y Rubén, el copiloto, bajaron. Rubén corrió hacia su hermano que conducía la Wagon delantera, aún no llegaba a él, aún no terminaba de gritar y de llorar cuando de un balazo silenciaron su llanto-grito, con un trozo de metal olor a pólvora detuvieron su paso. Mi hermano dejó la Wagon y corrió al monte, a esconderse. Corría mientras oía la ráfaga destrozar la camioneta. Cuatro días tardó en salir del monte.

No ponga muerte sobre esta tierra…

Julia, mi hermana, aprendió a pasar la noche en los palos. De los dieciocho maestros rurales que entraron a la montaña, sólo tres salieron con vida. A los demás los asesinaron. Los buscaban por la noche, en las casas, en los corrales, y así, sin más los mataban. Prohibido estaba todo. Pensar diferente, educar críticamente, hacer reflexionar. Simplemente hablar en contra: ser disidente.

Ya no quiero ser sólo un sobreviviente…

Y yo… yo estaba en la parte logística de la contra. Buscando víveres, comunicando gente, escribiendo al exterior, negociando al interior. Habíamos apoyado la revolución, pero se desvirtuó. Pasamos de una dictadura a otra que ahora lleva 30 años. Hicimos una constitución basada en las mejores del mundo, retomando lo que consideremos valioso del Somocismo y lo que hacía falta en nuestra Nicaragua. ¿Y para qué? Para que se ultraje, se modifique, y se termine vendiendo el país al extranjero, al capital. Esta verde Nicaragüita nos las están dejando desierta, desierta de gente y de árboles.

Tengo cierta memoria que me lastima…

Las armas ya no son la elección. Ya no quiero enterrar cuerpos de mis compañer@s caídos, prefiero enterrar el recuerdo del olor a piel quemándose. No quiero que tergiversen mis ideales, y seguir perdiendo lo que tanto nos costó ganar. No quiero una Nicaragua del Norte y una del Sur, dividida por un canal que se come la selva y draga el Cocibolca.

tengo las manos nuevas, roja la sangre, la dentadura buena y un sueño urgente…

El gobierno tiene miedo. Daniel Ortega tiene miedo. Le sudan las manos cuando recibieron las 175,300 firmas y los 32 recursos de inconstitucionalidad contra la Ley 840. No puede dormir cuando 15,000 campesinos salen a las calles de Matagalpa para oponerse a la minería a cielo abierto, diciendo aquí vivimos, aquí trabajamos y cuidamos nuestra tierra. Y por eso mandan a la policía y al ejército a las calles, a las parcelas, a los pueblos. Sin lograr parar las 66 marchas en las que más de 400 mil personas a una voz demandan una Nicaragua sin heridas.

 

-Masasiui Tenorio