Cuentos de la Digna Rabia- La Huelga de l@s Niñ@s

Caminabamos cuesta arriba. Geibran iba a mi lado con los ojos bien abiertos y la espalda bien recta, el aún llevaba su uniforme y me recordé del paro educativo de hace algunos meses, así que le pregunte: – Oye Geibran ¿Y porqué dejaron de ir a la escuela?

Geibran me miró, hizo una pausa y dijo.

Mirada natural

Todo comenzó una tarde cuado Mamá regreso de la junta escolar, mientras Deibran y yo jugabamos a “las anda” perdiendonos y encontrandonos en el cafetal. Papá estaba molesto luego de platicar con Mamá. No sabiamos porque pero entrando a la casa nos dijo: – A partir de mañana ya no irán a la escuela. – dijo con la ceja apretada como cuando nos regaña.

-¿Porqué Papá? – preguntamos extrañados, pero emocionados.

– Porque en esa escuela les quieren enseñar que la mina es buena. Y esas son puras mentiras. Yo no voy a enviarlos a una escuela donde quieren contaminarlos y engañarlos.

En un principió nos alegramos. ¡Uno o dos días sin clases! ¡Una semana! Eran como vacaciones. Hasta Toña, Juan y José dejaron de ir a la escuela y salíamos a jugar al polideportivo. Pero los días se hicieron semanas y las semanas meses.

¿ Oye Geibran, y eso no te puso triste? ¿No te molestaba dejar de ir a clases?- le pregunté.

Geibran se tomo un tiempo para pensarlo, mientras se acomodaba sobre la roca.

Un día -dijo viendo su pueblo al horizonte- vino el maestro Sergio a la casa. A mi el maestro Sergio me cae muy bien, explica las matematicas de una forma tan clarita y divertida que pronto aprendí pa’ ayudarle a Papá a hacer las cuentas del cafetal, de la huerta y de los pollos. Llegó para hablar con Papá y Mamá para covencerlos de que nos llevaran de nuevo a la escuela.

Lo recuerdo bien clarito, Papá dijo: – Mientras ustedes sigan dejando las puertas abierta a B2Gold para dar charlas en la escuela, mis hijos no asistirán a clases. Prefiero tener un hijo en casa que siendo engañado con consentimiento suyo. –

Papá nos explicó que la mina contaminaría el agua poco a poco, acabaría con los peces, acabaría con las aves y en algún momento ya no podríamos regar las hortalizas, ni beberla, porque acabaría con nostros tambien. -Esos químicos que usan se escurren por toda la tierra, arriba y abajo, llegarán hasta la quebrada y al cafetal. Con el tiempo pueden llegar a contaminar nuestro ojo de agua- dijo. ¡Eso si que no! – gritó Geibran.

El niño volteó a verme fijamente. Su mirada era profunda y fija, reflejado la precisión con la que seleccionaba sus palabras para darse a entender conmigo.

Me moleste mucho – continuó diciendo- . De ahí bebiamos todos, las gallinas que nos dan huevos, Cucho, mi perro, que me cuida y juega conmigo, las meliponas que producen tan rica miel y que ni me pican, y hasta nos quedaríamos sin posa para nadar en el verano Deibran y yo. ¡Eso jamas!

¿Y fue aburrido? – le cuestioné.

Nos hicimos un año entero sin escuela. Y durante todo ese tiempo aprendimos a trabajar el cafetal junto con Papá. Pusimos las trampas para la broca, sembramos más cafes, cosechamos, despulpamos y composteamos la cascara, el resto de agua la filtramos pa’ no contaminar la quebrada, y por supuesto, nadamos en la posa. – dijo Geibran con una gran sonrisa en la cara- Apredimos de la finca mucho más que otros años.

Se hacia tarde. El atardecer culminaba a nuestra espalda, el pueblo era comido por las sombras de los cerros, y ponía fin a nuesra conversación. -¿Regresemos a la casa comunal?- le insinué. Nos paramos sin decirnos nada, bajamos y antes de dejarme en la casa comunal me detuvo con su mirada y me dijo.

-¿Y que porqué no fuimos a la escuela?

Porque la mina nos extermina, y sin agua no tendremos nada. Se secaría la finca, se morira mi Cucho y nos tendríamos que ir. La mina no nos va a dejar ningun futuro y mi Papá quiere que Deibran y yo tengamos tierras y agua cuando seamos grandes.

Por eso hicimos huelga los niños. Porque la B2Gold quería ir a darnos clases.

 

-Masasiui Tenorio